Dar esperanza en la tristeza

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Un domingo fui a visitar a una persona enferma, que siempre ha formado parte de la comunidad parroquial. Después de una vida bastante dura, llevaba varios años encadenando problemas de salud, sufriendo cada vez más complicaciones y sin perspectivas de mejoría, al contrario. El Evangelio de ese día era el que acabamos de proclamar, y esta persona enferma, al terminar de escucharlo, preguntó entre lágrimas: “¿Y entonces es que a mí el Señor no quiere curarme?”
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