Sensatez.

VER:
Al ver a un grupo de jóvenes que estaban fumando en un parque, una persona comentó a otra que le sorprendía que, con lo que se sabe actualmente de los efectos nocivos del tabaco, hoy hubiera personas jóvenes tan insensatas que se “enganchasen”, perjudicándose gravemente su salud. Esa actitud la podemos ver en otros ámbitos: muchas personas no piensan en las consecuencias de sus decisiones y actos, ni para sí mismos ni, menos aún, para los demás. Se guían por su propio gusto, por su interés personal, pero eso acaba teniendo consecuencias muy graves para todos.
JUZGAR:
La sensatez es saber actuar con prudencia y buen juicio. Pero, tristemente, encontramos en la vida cotidiana muchos ejemplos de insensatez. Aunque nos pueda parecer que esto se nota más hoy en día, lo cierto es que siempre ha habido ese contraste entre personas sensatas y personas insensatas. Así lo hemos visto reflejado en la 1ª lectura, en el libro de los Proverbios, redactado varios siglos antes de Cristo, entre la Sabiduría y los inexpertos y los faltos de juicio.
Por eso, la Palabra de Dios de este domingo nos hace una fuerte llamada a ser prudentes, a ser personas de buen juicio. Lo decía san Pablo en la 2ª lectura: Fijaos bien cómo andáis; no seáis insensatos, sino sensatos, aprovechando la ocasión, porque vienen días malos. Muchas veces nos quejamos de lo mal que está el mundo, de los defectos de la sociedad… pero se nos olvida que nosotros somos quienes conformamos esa sociedad, y que tenemos nuestra parte de responsabilidad en su estado actual.
Las palabras de san Pablo son una llamada a no fijarnos tanto en los otros, sino a revisarnos a nosotros mismos con sinceridad, para evaluar nuestro grado de sensatez o insensatez en el desarrollo de nuestra vida cotidiana, en las decisiones y actos que realizamos cotidianamente.
Y la Palabra de Dios también nos indica lo que debemos hacer para corregir nuestro grado de insensatez. En la 1ª lectura se nos decía: Dejad la inexperiencia y viviréis, seguid el camino de la inteligencia, y para ello la Sabiduría se ha hecho una casa… ha mezclado el vino y ha preparado la mesa. Y en la 2ª lectura san Pablo decía: Daos cuenta de lo que el Señor quiere… dejaos llenar del Espíritu, y para ello recomendaba: Recitad salmos, himnos y cánticos inspirados… con toda el alma para el Señor. Dad siempre gracias a Dios…
Y así, en el Evangelio hemos escuchado dónde y cómo podemos cumplir estas recomendaciones. A Jesús se le ha identificado con la Sabiduría de Dios y Él también se ha hecho una casa: la Iglesia, la comunidad parroquial. Y en esa Casa, Él también ha mezclado el vino y ha preparado la mesa, pero ha ido mucho más allá. Desde hace varios domingos Jesús se presenta como el pan vivo que ha bajado del cielo. Jesús no sólo nos ha preparado un alimento sino que Él mismo es el alimento: El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo… Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida.
Si queremos ser sensatos, si queremos darnos cuenta de lo que el Señor quiere, si queremos llenarnos del Espíritu, necesitamos celebrar la Acción de Gracias, la Eucaristía, participando no como espectadores pasivos ni por costumbre o cumplimiento, sino “con-celebrando” de un modo activo y consciente, con toda el alma, porque el que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él, y así Él mismo nos irá enseñando cómo proceder con sensatez en cada ocasión de nuestra vida cotidiana. La Eucaristía es el centro y culmen de toda vida cristiana, y la necesitamos porque si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
ACTUAR:
¿Me detengo a pensar en las consecuencias de mis decisiones y actos cotidianos, para mí y para los demás? ¿He tenido que sufrir por la insensatez de otros? ¿Procuro darme cuenta de lo que el Señor quiere de mí? ¿Siento la Iglesia, la comunidad parroquial, como “la casa” que Dios se ha hecho, o como una institución “humana”? ¿Cómo participo en la Eucaristía? ¿Me hace “vivir” con sensatez?
Hay demasiada insensatez en todos los ámbitos, y eso nos perjudica cada vez más a todos. Por eso Jesús nos ha recordado una vez más la necesidad vital que tenemos de comer su carne y beber su sangre. Como decía san Pablo, vienen días malos, así que no seamos insensatos sino sensatos, “aprovechemos la ocasión” de participar en la Eucaristía con toda el alma, para tener la vida de Jesús en nosotros, para estar unidos plenamente a Él y, por Él, poder vivir con sensatez.
