6 de mayo de 2025

VER:
Cuando falleció el Papa Francisco, los medios de comunicación recogieron muchos comentarios elogiosos sobre su compromiso con los pobres y descartados, su cercanía y sencillez, su alegría y buen humor… Y todo eso es cierto y necesario, pero se refiere a cualidades humanas, de la persona, que pueden ser comunes a muchas otras grandes personas.
Hasta prácticamente la víspera de su funeral, no se oyó hablar específicamente de lo principal: de cómo el Papa Francisco había anunciado el Evangelio, la razón de ser de todo lo demás. Pero esto no se ha resaltado, unas veces porque se piensa (erróneamente) que ya se supone; y otras veces porque no interesa decirlo: sólo se muestra a “un gran hombre” pero sin mencionar a Dios.
JUZGAR:
Hoy, celebrando parroquialmente su funeral, es necesario poner de relieve que, desde el principio, el Evangelio, la Palabra de Dios, ha sido la base sobre la que el Papa Francisco apoyó su pontificado. Como hemos escuchado en el Evangelio, el Papa Francisco, de diferentes modos, anunció a Jesús como el pan de la vida, el cumplimiento de lo anunciado en el Antiguo Testamento.
De hecho, algo que rápidamente se popularizó nada más ser elegido Papa fueron sus predicaciones diarias en la Eucaristía que celebraba en la residencia de Santa Marta. Llegaron a generar tal interés y difusión que en la página web del Vaticano se creó un apartado especial, “Meditaciones diarias”, que recogía las palabras del Papa respecto al Evangelio y lecturas del día.
Si hacemos un repaso de estas homilías diarias, podemos ver que el Papa ya apuntaba en ellas los temas que luego desarrollaría más ampliamente en sus encíclicas, exhortaciones, mensajes, catequesis… Y vemos también que eso que él predicaba era lo que luego llevaba a la práctica en su trato con los demás, y motivaba su estilo cercano y sencillo, sobre todo para “los descartados”.
Y esa predicación de la Palabra de Dios la hacía a pesar de las críticas que recibió por parte de algunos sectores, tanto de la Iglesia como de fuera de ella. Él vivió de algún modo la experiencia de Esteban que hemos escuchado en la 1ª lectura: los que lo oían se recomían por dentro… se taparon los oídos… De un modo más o menos encubierto, ha habido también rechazo hacia el modo en que el Papa Francisco anunció el Evangelio. Pero eso es no haber leído bien sus documentos.
De hecho, cuando publicó su encíclica más social, “Fratelli tutti”, algunos criticaron que en ella no hablaba apenas de la fe, cuando todo el capítulo segundo es una reflexión sobre la parábola del buen samaritano, que sirve al Papa para fundamentar todo lo que después desarrolla.
Todo lo que el Papa Francisco dijo e hizo, y el modo en cómo lo dijo y cómo lo hizo, está apoyado firmemente en su experiencia de fe, de encuentro con Jesús Resucitado y su Evangelio. Y un claro ejemplo lo vemos en dos de los últimos documentos que nos dejó:
Por una parte, su encíclica “Dilexit nos”, “Nos amó” (Rom 8, 37), sobre el amor humano y divino del Corazón de Jesucristo. Y, por otra, la Bula de convocatoria del Jubileo de la esperanza, que lleva por título: “La esperanza no defrauda”, tomado de Romanos 5, 5. Y esa esperanza es Cristo resucitado, y hacia el encuentro con Él nos ha guiado el Papa todos estos años.
ACTUAR:
Hoy damos gracias al Señor por habernos dado este “pastor con olor a oveja” (expresión que él utilizó en Evangelii gaudium 24, siguiendo el Discurso del Buen Pastor de Juan 10, y que nos ha dejado otras expresiones sencillas que ayudan a que el Evangelio cale en la gente: “una Iglesia en salida”, “ir a las periferias”, “que haya lío”, “los santos de la puerta de al lado”… Si de verdad queremos honrar al Papa Francisco, procuremos conocer sus documentos, directamente o aprovechando lo que desde la parroquia se nos ofrece.
También ha dejado abiertos procesos importantes, como el Sínodo sobre la sinodalidad, aprender a caminar juntos como Iglesia, algo que nosotros deberemos seguir llevando adelante.
El Papa siempre pedía, en actos públicos y en audiencias privadas: “Recen por mí”. Y en una entrevista dijo que le gustaría ser recordado como un “pecador perdonado”. Es lo que hoy estamos haciendo: rezamos por el Papa, pedimos al Señor que haya perdonado sus pecados (que los tuvo, como todos), y que descanse ya de sus fatigas, que sus obras lo acompañen, y goce ya eternamente de la presencia de Jesús Resucitado, la esperanza que no defrauda y que él anunció toda su vida.
