Presupuesto sin compromiso.

VER:
En una parroquia había que hacer varias obras importantes, y se acudió a una empresa que ofrecía “presupuesto sin compromiso”. Una vez elaborado dicho presupuesto, se vio que el coste total de las obras superaba con creces las posibilidades económicas, por lo que el Consejo Parroquial de Economía estudió cuáles eran las más urgentes, cuáles podían posponerse, cuáles podrían modificarse… y, una vez se tomó la decisión, ya se firmó el compromiso con la empresa.
JUZGAR:
En temas de obras, reparaciones, etc., tenemos muy claro que es conveniente pedir presupuestos antes de comprometernos con una empresa, sin saber cuánto nos va a costar. Pero también en otras dimensiones de nuestra vida deberíamos acostumbrarnos a “pedir presupuesto”, a reflexionar y pensar bien las cosas antes de comprometernos. Y esto incluye nuestra vida espiritual.
Hoy Jesús, hablando del discipulado, nos llama a la reflexión. Como decíamos hace dos domingos, ser cristiano no consiste sólo en cumplir unos mandamientos y preceptos, y acudir a charlas y encuentros. Ser cristiano es seguir a Jesús, asumir sus actitudes, criterios, valores… y reflejarlos en nuestro actuar cotidiano. Ser cristiano es todo un estilo de vida y, por tanto, tiene un “coste”. Por eso, Él hoy también nos ofrece el “presupuesto sin compromiso” para su seguimiento:
Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío. Todo aquél de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.
Como vemos, el “presupuesto total” del seguimiento es elevado. Por eso, no debemos tomar nuestra decisión a la ligera: ¿Quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil?
Nosotros tenemos necesidad de acometer la obra más importante de nuestra vida: ser cristianos, vivir según el Evangelio, siguiendo a Jesús, para continuar la edificación del Reino de Dios. Y, como hemos visto, el “presupuesto” de esta obra es bastante alto, supera nuestras capacidades. Por eso, como hace el consejo parroquial de economía ante la necesidad de realizar unas obras, también nosotros, mirando el “presupuesto sin compromiso” del seguimiento de Jesús, debemos pensar bien por dónde hemos de comenzar, qué es lo más urgente, qué debemos modificar…
¿Estoy dispuesto a priorizar mis compromisos en la parroquia, diócesis, movimiento, asociación… adaptando mi agenda y horarios cuando sea necesario, y “posponiendo” mis compromisos familiares, con los amigos e, incluso, mis intereses personales y aficiones?
¿Qué o quiénes conforman “mi cruz”? ¿Estoy dispuesto a cargar con ella, aunque me suponga esfuerzo físico o emocional, o no quiero asumir responsabilidades ni trabajos?
¿Tengo algún “bien”, material o inmaterial, al que no estoy dispuesto a renunciar por nada ni nadie, ni siquiera por Jesús?
ACTUAR:
Con Dios no hemos de ser piadosos, sino sinceros. Nuestra respuesta ante el “presupuesto” del seguimiento de Jesús y las cuestiones que nos plantea ha de ser totalmente sincera, reconociendo que estamos lejos de poder asumir de una vez todo el “coste” que supone esta gran obra que es ser sus discípulos y apóstoles, pero eso no significa que no debamos hacer nada. Si nos quedamos paralizados por el miedo a “no poder acabar la obra”, caeríamos en la acedia, que denunció el Papa Francisco en “Evangelii gaudium” 82: «Algunos caen en ella por sostener proyectos irrealizables y no vivir con ganas lo que buenamente podrían hacer.» Al contrario, como también dice el Papa, «la evangelización requiere asumir los procesos posibles y el camino largo.» (225)
Como hacemos ante las obras de la parroquia, nuestra oración y reflexión sincera ante el “presupuesto” del seguimiento de Jesús nos ha de llevar a iniciar el proceso por donde descubramos que podemos aceptar el compromiso, y a partir de ahí mantener vivo el deseo de ir asumiendo el resto del coste del “presupuesto”, para que, como discípulos y apóstoles de Jesús, se lleve a cabo, en nosotros y en el mundo, la gran obra del Reino.
