Alimentar la esperanza.

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Sabemos que, para desarrollar nuestra vida cotidiana, necesitamos alimentar bien nuestro cuerpo, mediante una dieta equilibrada. Siguiendo el material que la Diócesis de Valencia ha publicado sobre la Bula de convocatoria del Jubileo, el Domingo de Ramos dijimos que Jesús es la Gran Esperanza que no defrauda, porque la esperanza cristiana está fundada en la certeza de que nada ni nadie podrá separarnos nunca del amor divino, manifestado en Jesús, y ese amor nos da la posibilidad de perseverar día a día sin perder el impulso de la esperanza. Por eso, igual que hacemos con nuestro cuerpo, también debemos alimentar adecuadamente la esperanza cristiana para no perder su impulso.
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