


Levantaos, alzad la cabeza.

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Esta homilía comenzamos a prepararla durante los días en que en la provincia de Valencia y otros lugares de España se estaban sufriendo las catastróficas consecuencias de las inundaciones acaecidas a finales de octubre por la dana. Fueron días de mucho dolor, sufrimiento, muerte, angustia, desesperación, rabia… En todas partes había un sentimiento generalizado de profunda tristeza, tanto por lo que se estaba viviendo ahora como por el futuro que les espera a tantas personas que han perdido seres queridos y también lo han perdido todo. Si esto lo unimos a las guerras que no cesan, el drama de la inmigración y a tantos otros males que aquejan a nuestro mundo, el panorama es desolador, y no es de extrañar que predomine el abatimiento y la desesperanza.
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Comienza el Adviento.
Este año, con mayor motivo, estamos llamados a ser «Peregrinos de esperanza».

