¿POR QUÉ DISCUTIMOS?

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Es muy común decir que vivimos tiempos de “crispación”. Esto lo vemos claramente en la política, en redes sociales, en programas de televisión y también en otros aspectos de la vida social: a la mínima, salta la chispa y se producen discusiones, a menudo con violencia verbal y también, por desgracia, física. Y si nos detenemos en nuestro ámbito más personal, comprobaremos que también están muy presentes las discusiones. En general, consideramos a quien no piensa o se comporta como nosotros, no como un mero contrincante que pretende algo distinto, sino como un adversario, como un enemigo al que hay que derrotar y, si es posible, machacándolo.
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