Estar donde debemos estar.

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Es muy común en la vida de los adultos experimentar en algún momento la sensación de que “no estamos donde deberíamos estar”: sentimos insatisfacción, inquietud, desgana… Nos cuesta atender las cosas de cada día. Por el contrario, también en la vida adulta podemos experimentar que, con el transcurso del tiempo, “estamos donde debemos estar”, y esto lo cambia todo: las cosas de la vida diaria siguen siendo las mismas pero las afrontamos con más decisión, nos sentimos “bien” con nosotros y con los demás, aun dentro de los esfuerzos, dificultades y sinsabores.
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