Exigirnos responsabilidades.

VER:
Cuando ocurre un accidente, una catástrofe, o se ha descubierto un fraude, es muy normal exigir responsabilidades a los políticos, a entidades sociales… y se hacen clamorosos llamamientos al respecto. Queremos saber quién ha propiciado por acción o por omisión que se haya producido ese hecho, y que se haga cargo de las consecuencias, sean de tipo económico, político, penal… Esto es justo y necesario, pero también deberíamos tener el mismo interés en exigirnos responsabilidades a nosotros mismos respecto a nuestras decisiones, acciones y omisiones, y hacernos cargo de las consecuencias que tienen, en los demás y en nosotros mismos.
JUZGAR:
Este exigirnos responsabilidades debemos extenderlo también a nuestra vida como cristianos. Muchas veces, cuando ocurre, o nos ocurre, algo negativo, exigimos responsabilidades a Dios: “¿Dónde estabas? ¿Por qué no actuaste? ¿Por qué no me curas? ¿Por qué no me sacas de este problema?…” Y nos enfadamos y nos separamos de Él, a veces definitivamente.
Pero también deberíamos preguntarnos por qué en esos momentos la fe que decimos tener en Dios no nos sirve de apoyo ni esperanza, y exigirnos responsabilidades a nosotros mismos por el modo en que hemos estado viviendo nuestro ser cristianos, y hacernos cargo de las consecuencias.
En primer lugar, ser cristiano no es una obligación, es una decisión libre. Aunque nuestros padres la tomaran por nosotros cuando éramos pequeños, después al llegar a la edad adulta podemos y debemos descubrir las razones para creer, y las razones para no creer, y decidir de forma responsable si queremos seguir a Jesucristo o no hacerlo.
Y, tras esta primera decisión, el camino del cristiano, el seguimiento del Señor, acarrea una serie continua de decisiones que debemos tomar y que afectan a lo más ordinario y en lo más crucial de nuestra vida. Así nos lo ha recordado la 1ª lectura: Si quieres, guardarás sus mandamientos, permanecerás fiel a su voluntad. Él te ha puesto delante fuego y agua, extiende tu mano a lo que quieras. Queda patente ese Si quieres… Dios respeta completamente nuestra libertad, pero la libertad conlleva la responsabilidad. Especialmente en esos momentos de crisis, debemos exigirnos responsabilidades y preguntarnos con sinceridad si hemos guardado sus mandamientos y hemos sido fieles a su voluntad, pero de corazón y no de un modo superficial, limitándonos a cumplir para tranquilizar nuestra conciencia. Debemos pensar en lo que nos ha dicho Jesús en Evangelio: Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Escribas y fariseos representan a quienes se limitan a cumplir lo escrito en la ley; ¿nosotros vamos más allá del cumplimiento? Quizá me quedo con el “no matarás”, pero me dejo llevar por la cólera en mi relación con los demás; quizá materialmente “no cometo adulterio”, pero dejo libre mi pensamiento y mi mirada y acabo pecando…
También debemos reconocer con sinceridad en qué momentos, teniendo delante “fuego y agua”, conscientemente hemos “extendido la mano al fuego”, qué elecciones hemos hecho sabiendo que se apartan del camino del Evangelio, sin darles importancia, y ahora sufrimos las consecuencias.
Debemos preguntarnos si hemos descuidado nuestra relación con Dios, sin profundizar en nuestra fe, sobre todo en el misterio de la Cruz, del Hijo de Dios crucificado, que es uno de los aspectos fundamentales de la fe cristiana, y que puede generar “escándalo”, porque queremos un Dios que solucione nuestros problemas y rechazamos al Dios que muere en la Cruz.
Por eso decía también la 1ª lectura: Ante los hombres está la vida y la muerte, y a cada uno se le dará lo que prefiera. Es la gran consecuencia final de nuestras decisiones en uno u otro sentido, y es a nosotros mismos a quien hemos de exigir responsabilidades, se nos dará “lo que prefiramos”, y no debemos exigir responsabilidades a Dios de lo que Él nos ha dejado claro desde el principio.
ACTUAR:
¿Exijo responsabilidades a autoridades, entidades…? ¿Exijo responsabilidades a Dios? ¿Me exijo responsabilidades a mí mismo? ¿Suelo revisar periódicamente cómo estoy viviendo la fe?
Vamos a comenzar la Cuaresma: ¿Qué elegimos? ¿Vamos a ir más allá del cumplimiento de ayunos, abstinencias y devociones, o vamos a adentrarnos en el misterio de la Cruz? La responsabilidad es nuestra: ante nosotros está la vida y la muerte, y a cada uno se le dará lo que prefiera.
