Deseo, pasión y tentaciones.

VER:
El Miércoles de Ceniza, al comenzar la Cuaresma, decíamos que el deseo y la pasión son dos fuerzas, psicológicas y físicas, muy fuertes y que son constitutivas del ser humano pero que, lamentablemente, las hemos reducido sólo al aspecto sexual y por eso las rodeamos de connotaciones negativas y sospechosas de pecado. Pero en realidad, el deseo y la pasión son dos fuerzas que deberían movernos, sobre todo, en los aspectos más importantes de nuestra vida: el deseo es el movimiento afectivo hacia algo que se apetece, y la pasión es una inclinación muy viva hacia alguien o hacia algo. Y cuando algo lo deseamos de verdad, o nos apasionamos por ello, no nos duele tiempo y esfuerzo para alcanzarlo y disfrutarlo.
JUZGAR:
También dijimos que, para la mayoría de la gente, la Cuaresma ya no significa nada, o tienen una idea muy superficial, como penitencias, ayunos, abstinencias, Via Crucis… Y que por eso el Señor nos invita a vivir la Cuaresma con verdadero deseo y pasión. Ante todo, porque Él, como verdadero hombre, experimentó también con fuerza el deseo y la pasión: el deseo intenso de cumplir la voluntad de su Padre por nuestra salvación; y este deseo lo vivió con pasión, en sus palabras y en sus obras, hasta culminar en su Pasión y muerte en la Cruz.
Por eso, también nosotros debemos responder con deseo y pasión a la petición que nos hizo: Convertíos a mí… El deseo y pasión por convertirnos hemos de concretarlos en nuestra vida cotidiana y Jesús nos daba esas tres posibilidades: la limosna, la oración y el ayuno.
La limosna, no tanto monetaria como personal: “dar-me”, ofrecerme, sin esperar a que me llamen.
La oración, no tanto “rezos” sino diálogo con Dios, sin prisas, de mi corazón a Su corazón.
El ayuno, no tanto de alimentos sino de lo que llena mi vida y no deja sitio ni a Dios ni al prójimo.
Con esta intención comenzábamos el miércoles la Cuaresma y la imposición de la ceniza fue signo de nuestro deseo y pasión por convertirnos. Pero hoy, primer domingo de Cuaresma, la Palabra de Dios nos recuerda una realidad: la tentación de que ese deseo y pasión por convertirnos se nos enfríe, o que lo orientemos hacia otros intereses en lugar de hacia Dios.
Así, el relato de la 1ª lectura muestra la tentación de dudar de Dios, de no hacer caso a lo que nos dice, despertando en el ser humano el deseo de eliminar a Dios y la pasión por “endiosarnos”, por ser nosotros los “dioses” que deciden sobre el bien y el mal, sobre la muerte y la vida.
Y en el Evangelio, el tentador quiere desviar el deseo de Jesús por cumplir la voluntad del Padre y su pasión por el Reino hacia otros intereses. Y esas mismas tentaciones también nos afectan a nosotros, para desviar nuestro deseo y pasión por convertirnos:
Di que estas piedras se conviertan en panes: es la tentación de desear con pasión nuestro interés, lo que nos hace sentir cómodos y seguros, utilizando nuestros recursos y capacidades para este fin.
Tírate abajo…: es la tentación de desear apasionadamente ser totalmente libres, hacer lo que nos apetezca cuando y como nos apetezca, sin contar con Dios o queriendo que esté a nuestro servicio.
Todo esto te daré si te postras y me adoras: Es la tentación de desear con pasión el poder, ser admirado, ya sea en la familia, entre los amigos, en el trabajo… dispuestos a lo que sea para conseguirlo.
Cada día se nos van a presentar tentaciones que desvíen nuestro deseo y pasión en estas direcciones, apartándonos del camino de conversión hacia Dios. Por eso Jesús quiso padecer las tentaciones, para enseñarnos cómo vencerlas. A cada tentación, Él responde: Está escrito…
La Palabra de Dios, especialmente en la Cuaresma, mantendrá nuestro deseo y pasión bien orientados hacia el Señor. Una Palabra que no ha de ser “sabida” sino interiorizada, de modo que pueda iluminar nuestro caminar y nos dé fuerza para afrontar y superar las tentaciones.
ACTUAR:
¿He sentido ya la tentación de desviarme del camino de la Cuaresma? ¿La Palabra de Dios me ayuda a tomar decisiones? ¿La interiorizo, o me limito simplemente a leerla?
Alimentémonos del Pan de la Palabra de Dios, para vencer las tentaciones y que mantenga bien encendidos nuestro deseo y pasión por convertirnos más al Señor y a Él solo le demos culto.
