Amor consumado.

VER:
Durante toda la Cuaresma hemos visto que el deseo y la pasión son dos emociones constitutivas del ser humano. Pero, lamentablemente, las solemos reducir sólo al aspecto sexual y por eso las rodeamos de connotaciones negativas y sospechosas de pecado, cuando en realidad, el deseo y la pasión son dos fuerzas que deberían movernos, sobre todo, en los aspectos más importantes de nuestra vida, porque cuando algo lo deseamos de verdad, o nos apasionamos por ello, no nos duele tiempo y esfuerzo para alcanzarlo. También hemos visto que el Señor nos invitaba a vivir la Cuaresma y la Semana Santa con verdadero deseo y pasión, porque Él, como verdadero hombre, experimentó también con fuerza el deseo y la pasión: el deseo intenso de cumplir la voluntad de su Padre por nuestra salvación; y este deseo lo vivió con pasión, en sus palabras y en sus obras, hasta culminar en su Pasión y muerte en la Cruz.
JUZGAR:
Hoy, Jueves Santo, celebramos la institución de la Eucaristía y también, como hemos escuchado en el Evangelio, celebramos el día del amor fraterno: sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo….
El deseo y la pasión forman parte del amor, y Jesús los vivió plenamente. El psicólogo estadounidense Robert Sternberg habla del “amor consumado” (Valentín Elorza. 2022, septiembre 7. Amor consumado: qué es y cómo alcanzarlo en una relación. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/pareja/amor-consumado), que consta de tres componentes: intimidad, pasión y compromiso. Tres componentes que encontramos en el amor de Jesús hasta el extremo.
La intimidad es compartir nuestras emociones y secretos más profundos con alguien, y eso lo hizo Jesús con sus discípulos, a quienes en esa misma noche les dirá: Ya no os llamo siervos… a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. (Jn 15, 15)
La pasión, como estamos diciendo, es mucho más que el deseo sexual, es una necesidad intensa de estar con alguien. Y Jesús deseaba apasionadamente estar con sus discípulos, como les había dicho: Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer. (Lc 22, 15) Y también, por esa pasión que siente por estar con sus discípulos, instituye la Eucaristía: Tomó pan, lo partió y dijo: Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía. Lo mismo hizo con el cáliz, diciendo: Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis en memoria mía.
Y el tercer componente es el compromiso, la preocupación por el otro y su cuidado, de un modo fiel, a lo largo de los años. Y Jesús se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Y les dijo: Si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros.
Jesús vive un amor consumado, y hoy, en este día del amor fraterno, nos invita a experimentar ese amor. Como escribió el Papa Francisco en “Dilexit nos” 1: «nos espera sin condiciones, sin exigir un requisito previo para poder amarnos y proponernos su amistad: «Él nos amó primero» (1 Jn 4, 10)». Hoy Él también desea ardientemente estar con nosotros. Por su amor apasionado por nosotros nos dará su Cuerpo y su Sangre en la Eucaristía. En la adoración ante el Monumento nos ofrecerá un tiempo de intimidad, para que podamos hablar con Él de amigo a Amigo. Y en esa intimidad con Él podremos recordar su compromiso con nosotros, las veces que Él nos ha lavado los pies, las veces que hemos experimentado especialmente su cercanía, su perdón, su amor.
ACTUAR:
La vivencia de este amor consumado no se queda aquí. Jesús nos ha dicho: Os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis. Jesús, a quien hoy adoramos como nuestro Maestro y Señor, nos pide que nos atrevamos a vivir, con deseo y pasión, un amor consumado, con Él y con los demás. Como dice el Papa Francisco en “Dilexit nos”: «La mejor respuesta al amor de su Corazón es el amor a los hermanos, no hay mayor gesto que podamos ofrecerle para devolver amor por amor» (167). «Él nos permite amar como Él amó y así Él mismo ama y sirve a través de nosotros» (203). «Él está allí, trabajando, luchando y haciendo el bien con nosotros. De un modo misterioso, es su amor el que se manifiesta a través de nuestro servicio, Él mismo le habla al mundo con ese lenguaje que a veces no puede tener palabras» (214).
