Contempla y disfruta el momento.

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Una tarde, al cruzar una avenida que está orientada hacia poniente, un peatón aprovechó para sacar una fotografía de la puesta de sol, que era muy bonita: el sol estaba bajo y se veía grande, no deslumbraba, había algunas nubes y el cielo ofrecía distintos tonos de colores rojos y anaranjados. Cuando contemplamos algo así, no nos detenemos a pensar que eso se debe a la dispersión de la luz solar al atravesar con mayor inclinación la atmósfera, que deja pasar sólo los tonos cálidos porque son de onda larga… Simplemente, como ese peatón, disfrutamos el momento, porque tiene efectos beneficiosos en nuestro cuerpo, mente y espíritu, nos alegra, nos relaja y nos da paz.
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