


Centrémonos.

VER:
En más de una ocasión hemos experimentado que estamos descentrados: hacemos las cosas pero por dentro notamos que estamos desorientados, dispersos, alterados… y esto termina repercutiendo también en nuestros actos y relaciones, y los demás acaban notando que algo nos ocurre, que estamos descentrados. A veces hay una causa objetiva: nos ha ocurrido algo que provoca ese estado, y podemos afrontarlo directamente; pero otras veces no sabemos a qué se debe y, por tanto, tampoco sabemos cómo volver a centrarnos de nuevo. Y esto mismo nos ocurre en la vida de fe: nos sentimos descentrados, nos cuesta la oración, la Palabra ya no provoca en nosotros lo mismo que antes, perdemos el interés, los compromisos se vuelven una carga…
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Ser donantes.

VER:
De vez en cuando, los servicios sanitarios nos recuerdan la importancia y necesidad de que donemos sangre: “Dona sangre, es de vital importancia”, “Tu sangre salva vidas, dónala”, “Dona sangre, comparte vida” son algunos de sus lemas. En todos aparecen unidas la sangre y la vida, porque la sangre es necesaria para muchas funciones vitales de nuestro cuerpo. Por otra parte, España lleva más de treinta años como líder mundial en realización de trasplantes de órganos. Muchas veces, estos órganos proceden de personas que han fallecido y que, por su generosidad o la sus familiares, son donados para que quienes los reciben puedan mejorar su calidad de vida. Por eso es muy importante y necesario ser donante.
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