


Amor consumado.

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Durante toda la Cuaresma hemos visto que el deseo y la pasión son dos emociones constitutivas del ser humano. Pero, lamentablemente, las solemos reducir sólo al aspecto sexual y por eso las rodeamos de connotaciones negativas y sospechosas de pecado, cuando en realidad, el deseo y la pasión son dos fuerzas que deberían movernos, sobre todo, en los aspectos más importantes de nuestra vida, porque cuando algo lo deseamos de verdad, o nos apasionamos por ello, no nos duele tiempo y esfuerzo para alcanzarlo. También hemos visto que el Señor nos invitaba a vivir la Cuaresma y la Semana Santa con verdadero deseo y pasión, porque Él, como verdadero hombre, experimentó también con fuerza el deseo y la pasión: el deseo intenso de cumplir la voluntad de su Padre por nuestra salvación; y este deseo lo vivió con pasión, en sus palabras y en sus obras, hasta culminar en su Pasión y muerte en la Cruz.
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La pasión se desata.

VER:
Desde el inicio de la Cuaresma hemos visto que el deseo y la pasión son dos emociones muy fuertes y constitutivas del ser humano pero, lamentablemente, las solemos reducir sólo al aspecto sexual y por eso las rodeamos de connotaciones negativas y sospechosas de pecado. En realidad, el deseo y la pasión son dos fuerzas que deberían movernos, sobre todo, en los aspectos más importantes de nuestra vida, porque cuando algo lo deseamos de verdad, o nos apasionamos por ello, no nos duele tiempo y esfuerzo para alcanzarlo y disfrutarlo. Pero es cierto que a veces la pasión, en lo que sea, se desata, se convierte en una emoción exaltada y desenfrenada que nos arrastra sin control.
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