



Despedida de Jesús.

VER:
En la literatura y el cine abundan los finales en los cuales hay una despedida: por ejemplo, la saga de “El Señor de los Anillos”, “Casablanca” o “E.T. el extraterrestre”. En estas despedidas se entremezclan, por una parte, la tristeza por la separación, pero también la alegría porque se sabe que esa despedida es necesaria y, aunque duela, es lo mejor: Frodo (“El Señor de los Anillos”), si no se va, no curará de la herida interior que le ha provocado ser portador del Anillo; Ilsa (“Casablanca”), si no se va, será atrapada por los nazis; y E. T., si no se va, será atrapado para hacer investigaciones con él. Quienes se quedan, lloran, pero saben que esos a quienes aman deben marcharse. Y seguramente los adultos hemos vivido más de una separación de este tipo, con tristeza y alegría a la vez.
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Discípulos misioneros.

VER:
Ante una convocatoria diocesana, una de las responsables comentaba: “Cuánto cuesta que la gente se mueva y participe en estas iniciativas. No lo ven como algo necesario”. Y esto mismo ocurre también a nivel parroquial: se hacen propuestas, convocatorias, invitaciones a participar en algún área pastoral, y la respuesta es mínima, el conjunto de la feligresía se limita al cumplimiento dominical y asistir a los “sacramentos sociales” (bodas, bautizos, comuniones). Las llamadas a asumir un compromiso evangelizador tampoco se ven como algo que les afecta directamente, y que además es necesario.
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