El cuidado de la Creación.

VER:
El verano de 2026 ha sido el más cálido desde que se tienen registros, y esto ha sido el indicativo de una situación que se había ido gestando con anterioridad. Como ha indicado la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social, «la ciencia nos advierte que hemos traspasado peligrosamente los límites para mantener la vida en la Tierra, y esto se traduce en una realidad innegable: sufrimos una intensificación alarmante de las olas de calor, de sequías prolongadas y cronificadas, de incendios forestales, de lluvias torrenciales inéditas y una preocupante tendencia a la desertificación. Vemos con dolor la degradación de nuestros ecosistemas, el agotamiento de nuestras cuencas hidrográficas». No sólo en España, sino en muchas otras zonas del mundo.
JUZGAR:
El pasado 1 de septiembre comenzó el “Tiempo de la Creación”, una iniciativa ecuménica de oración, con multitud de actividades en las diócesis de todo el mundo, y que finaliza hoy, 4 de octubre, festividad de San Francisco de Asís. El Papa León escribió un Mensaje con motivo de este Tiempo de la Creación, que comienza con estas palabras: «Nuestro Señor Jesucristo vino para que tengamos vida y la tengamos en abundancia (cf. Jn 10,10). En esta Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, se nos invita a contemplar el don de la vida y a apreciar la tierra que la sustenta, ya que son modos tangibles de alabar a nuestro Creador.»
En la 1ª lectura hemos escuchado a Isaías, refiriéndose a Dios: Mi amigo tenía una viña en fértil collado. La entrecavó, quitó las piedras y plantó buenas cepas; construyó en medio una torre y cavó un lagar. Y en el Evangelio, Jesús ha insistido en esta imagen: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores… Esta Palabra de Dios nos hace una llamada, precisamente, a contemplar ese don que es la Creación, para ser más conscientes de todo lo que el Señor nos ha entregado y sentirnos verdaderamente agradecidos por ello.
Pero también, contemplando la situación actual, nos hace una llamada a la reflexión: Esperaba que diese uvas, pero dio agrazones (1ª lectura); Llegado el tiempo de los frutos… los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon (Evangelio). ¿Qué hemos hecho con el don de la Creación que Dios nos ha entregado? El Papa indica en su mensaje: «Actualmente, estamos siendo testigos de múltiples crisis y de un gran sufrimiento humano. Al mismo tiempo, la alteración del equilibrio armónico de la Creación se está acelerando.» Y señala una causa directa: «La guerra deja una destrucción social y ecológica que perdura por generaciones. La interacción entre conflictos armados y degradación ambiental crea círculos viciosos que destruyen ecosistemas, contaminan recursos esenciales, como el aire y el agua, y merman la seguridad de los alimentos. Esto genera pobreza, desigualdad y nuevos conflictos sociales que pueden contribuir al resurgimiento de conflictos futuros.»
Y este aumento de los conflictos bélicos «no es sólo un fracaso político, sino también moral y espiritual. Pone de manifiesto un fracaso más profundo cuando se trata de vivir a imagen y semejanza de Dios, de respetar la vida y de cuidar la Tierra que se nos ha confiado». Y cita a Benedicto XVI, que nos recordó que «los desiertos exteriores se multiplican en el mundo, porque se han extendido los desiertos interiores» (Homilía en el Solemne Inicio del Ministerio Petrino, 24 abril 2005). «Esto nos llama a reconocer que lo que está arruinando en nuestro entorno, de alguna manera también lo está dentro de nosotros.»
ACTUAR:
Nosotros somos esos labradores de la parábola, a los que Dios ha entregado la viña de la Creación y que, ante esta situación de “desierto” exterior e interior, nos cuestiona: ¿Qué hará con aquellos labradores? Y el Papa nos indica el primer paso: «Para construir una sociedad pacífica, debemos no sólo reformar estructuras, sino renovar nuestros corazones. Las crisis mencionadas no sólo exigen responsabilidad sino también una conversión del corazón.» Como decía san Pablo: en toda ocasión, en la oración y en la súplica, con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios, para avanzar en «una conversión, un regreso a Dios que reordene nuestros deseos».
En segundo lugar, «estamos llamados al cuidado de los múltiples “ecosistemas” que nos han sido confiados: los ecosistemas de la Creación, de las relaciones humanas y los del propio corazón humano». También decía san Pablo: Todo lo que es verdadero, noble, justo… tenedlo en cuenta, aunque no sea específicamente eclesial, apoyándolo «para que rinda frutos en una fidelidad más profunda a Dios, en el amor mutuo y en el respeto por el don de la Creación».
«Los instrumentos son la verdad, el diálogo, la paciencia, la bondad, la justicia, la misericordia, la comprensión, el cuidado y el amor. Estos instrumentos brotan de los corazones formados por el Evangelio y sostenidos por la gracia de Dios. Sólo estas cualidades poseen el poder de transformar individuos, renovar comunidades y sanar las heridas de nuestro mundo.
»A pesar de que los desafíos que tenemos por delante son enormes, Dios no nos deja. Es claro el camino que tenemos por delante, aunque no sea fácil. Estamos llamados a dejar que nuestros corazones sean renovados, de tal manera que favorezcamos la paz y el cuidado de la Creación.»
