


Miedos.

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El miedo es una emoción básica, que se experimenta ante la percepción de un peligro, real o imaginario. El miedo está presente en nuestra vida desde el principio, pero su concreción va cambiando a medida que crecemos: en la infancia es el miedo a la oscuridad, a quedarse sin los padres… en la juventud es el miedo a lo que piensen de nosotros, al desamor… y en la edad adulta es cuando más diversificado aparece el miedo: a la enfermedad y al dolor, a perder el empleo, a la violencia, al porvenir… y, sobre todo, el miedo a la muerte. Aunque encontramos muchos “consejos” para superarlo, lo cierto es que el miedo nunca desaparece completamente de nosotros y nos puede hacer sufrir mucho. Y precisamente en la edad adulta es cuando nos resulta más difícil reconocer nuestros miedos, porque “tenemos miedo” de que nos consideren débiles y cobardes.
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VER:
Desde hace unos años estamos viviendo un cambio de época, y el ritmo de ese cambio se ha ido acelerando. Vemos que en lo familiar, laboral, social, político, educativo… los conceptos, estructuras y valores que sustentaban esos ámbitos y que creíamos firmes y estables cambian o desaparecen casi de la noche a la mañana. Y, como estamos viendo en la reflexión que se está realizando en la diócesis de Valencia sobre unas futuras orientaciones pastorales, la consecuencia es que «muchas personas se sienten desorientadas. La velocidad de los cambios, la presión de lo inmediato… crean un clima interior que favorece la confusión sobre quiénes somos y hacia dónde nos dirigimos». (Tema 6 “Vocación, servicio, ministerio“)
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