


Discípulos misioneros.

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Ante una convocatoria diocesana, una de las responsables comentaba: “Cuánto cuesta que la gente se mueva y participe en estas iniciativas. No lo ven como algo necesario”. Y esto mismo ocurre también a nivel parroquial: se hacen propuestas, convocatorias, invitaciones a participar en algún área pastoral, y la respuesta es mínima, el conjunto de la feligresía se limita al cumplimiento dominical y asistir a los “sacramentos sociales” (bodas, bautizos, comuniones). Las llamadas a asumir un compromiso evangelizador tampoco se ven como algo que les afecta directamente, y que además es necesario.
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Vivir la sinodalidad.

VER:
Seguimos profundizando en el proceso de reflexión y sensibilización que estamos llevando a cabo en la Diócesis de Valencia, de cara a la elaboración de unas futuras orientaciones pastorales que nos permitan afrontar los retos del momento presente para desarrollar la misión evangelizadora en el contexto actual. El tema 4, “¿Qué es la sinodalidad?”, nos plantea esta situación: «Una experiencia muy corriente al echar un vistazo a la estructura diocesana es la gran diversidad de grupos, movimientos, asociaciones, Delegaciones, organismos… Todos forman la Iglesia pero lo que se percibe desde fuera es que, en la práctica, cada uno tiene su propia dinámica, su programación y calendario, funcionando en paralelo a los demás. Esto se repite muchas veces también a nivel parroquial: hay diferentes grupos, áreas pastorales… En parroquias grandes es frecuente que apenas se conozcan los integrantes de unos y otros grupos.» Esto tiene unas consecuencias: «se hacen muchas cosas, pero de un modo disperso, sin un objetivo común que oriente las diferentes vocaciones y sensibilidades en la misma dirección. Resulta difícil coordinarse y no es raro que se produzcan solapamientos de actividades y celebraciones.» Y que surjan tensiones.
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